En los últimos meses, una palabra poco conocida ha ganado visibilidad en plataformas como TikTok y otras redes: therian. Lejos de ser una moda pasajera, este término describe a personas que sienten una conexión profunda —emocional, espiritual o identitaria— con un animal, vivo o extinto. Para algunos, esa conexión forma parte de cómo se entienden a sí mismos en el mundo.
A diferencia del cosplay o del entretenimiento, el therianthropy no se trata de “jugar a ser un animal”, sino de una vivencia interna. Quienes se identifican como therian suelen expresarlo mediante símbolos, movimientos, accesorios (como colas o máscaras) o contenido reflexivo que explica su experiencia personal. Las redes sociales han amplificado estas voces, generando comunidad, visibilidad y, al mismo tiempo, debate.
¿Por qué ahora? En una era marcada por la búsqueda de identidad, pertenencia y autenticidad, las plataformas digitales ofrecen un espacio donde lo diferente encuentra eco. El auge therian también invita a reflexionar sobre la diversidad de experiencias humanas, la necesidad de expresión libre y los límites entre identidad, cultura digital y percepción social.
Más allá de tendencias, el fenómeno abre una conversación necesaria: escuchar sin juzgar, informarnos antes de opinar y comprender que la identidad —en todas sus formas— es un proceso personal. En un mundo hiperconectado, quizá la pregunta no sea por qué existen los therian, sino qué nos dice su visibilidad sobre nuestra forma de convivir con lo distinto.
